Salir del laberinto
al mundo
color de camaleón
viajante
salteandando.
Probando cada llave
en cada cerradura.
Salir
y ver los muros
desde afuera.
Subir y ver las calles
desde arriba.
Seguir en la memoria
con la ruta extravío,
con los pasos de red.
Dejar el laberinto en el camino
y volverse a perder.
Creí que había quedado claro, mi estimado Ross, que los laberintos no servían para salir sino para perderse.
Es comprensible que te hayas arrepentido de este jugada, es demasiado apasionada.